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 Nunca es tan malo si puede ser peor...

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Krhonn



Cantidad de envíos : 2
Fecha de inscripción : 16/10/2009
Edad : 33
Localización : Tenerife

MensajeTema: Nunca es tan malo si puede ser peor...   Vie Oct 16, 2009 8:03 pm

[/left]Cae la noche sobre el fuerte Vista Eterna, en la taberna los cansados viajeros toman un último trago antes de irse a dormir, allí están los que cuentan historias y los que las escuchan. De pronto la puerta de la entrada se abre dejando entrar la helada brisa que la ventisca trae, refrescando el cargado aire y dando una tregua al olor a alcohol y tabaco; todos los que están despiertos miran en dirección a la entrada intentando explicarse que clase de loco andaría por el mundo con la que está cayendo. En el umbral de la puerta se encuentra un hombre de aspecto descuidado, con el cabello revuelto por el viento y una espesa barba que competía en blancura con la nieve que llevaba encima.
El viajero se sacude el cabello para quitarse la fría nieve de la cabeza, al hacerlo su espesa capa deja entrever la empuñadura de una espada.

- Hey hey! a menos que piense utilizarla, le aconsejaría que la mantuviera oculta - dice el camarero goblin con voz chillona. - La gente aquí se pone nerviosa con facilidad ¿sabe? -

El viajero vuelve a cubrir la espada con la capa y saca de una pequeña alforja una pipa, mientras otea el horizonte lentamente introduce tabaco en el receptáculo de la pipa, observa el local y a los que en el se encuentran, enciende una cerilla rasgándola contra la madera de la puerta, observa al goblin fijamente y mientras enciende el tabaco y éste le ilumina parcialmente la cara haciéndolo parecer salido de las mismísimas entrañas de Onixia. El goblin al que se le ha secado la boca de repente intenta tragar saliva, el viajero exhala el humo y le dice sonriendo.

- Sólo quiero comida, un baño y una cama, ¿hay algún problema con eso tabernero? -

De pronto parece como si la taberna volviera a cobrar vida después de mil años de aletargo, todos volvieron a formar una masa bulliciosa, el viajero busca un sitio en el que sentarse mientras pasea por el interior de la taberna saboreando su tabaco, todo el mundo lo mira de reojo, pero nadie le dirige la palabra, malamente se atreve algún que otro a mirarlo descaradamente para volver a darle la espalda a su paso.

- El Caballero Grís lo llaman...- consigue distinguir entre todos los murmullos, el caballero dirige la mirada al origen del comentario y ve como el borracho al que se le ha escapado baja apresurada mente la mirada. Por fin encuentra una mesa vacía en un rincón resguardado de miradas curiosas, allí se acomoda en la pequeña silla de madera y aprovecha para estirar sus cansadas piernas por debajo de la mesa mientras observa por la ventana que tiene a su izquierda como la ventisca sigue castigando el pequeño fuerte sepultándolo parcialmente bajo la nieve.

- ¿Le pongo algo? - dice una vocecilla chillona con matices femeninos.
- Una pinta - responde el caballero absorto en la ventisca sin retirar la mirada de la ventana y colocando una moneda de oro sobre la mesa.

La esquina oscura vuelve a iluminarse con otra calada del caballero, donde es invisible para el resto, donde descansada mente pasa inadvertido para el resto de borrachos que vuelven con sus mentiras y artimañas.
La puerta vuelve a abrirse dejando entrar esta vez una ola de frío, esta vez es un hombre joven, viste ropajes de cuero negro, de constitución delgada, rostro enjuto y mirada inquisidora.

- ¡Vaya parece que esta noche todos los pasos conducen a Cuna del Invierno eh!, ¿puedo ayudarlo?. Pregunta el goblin mientras se seca las manos con un trapo que lleva a la cintura, el cual ha visto días mejores.
- No...- Responde secamente el joven mientras se sacude la cabeza de nieve y se calienta las manos frotándolas entre sí, se guarda los guantes en una saca que lleva cruzada a la espalda y comprueba que el puñal que lleva sujeto a la parte trasera del ceñidor sigue ahí.
El joven se mueve por la taberna buscando un sitio desde el que pueda observar todo el salón, encuentra una esquina a la que no le da muy bien la luz y tiene una ventana desde la que se podrá observar el exterior.

- ¡Aquí tiene! - dice la camarera aporreando la mesa con la base de la jarra y sobresaltando al caballero de melena gris.

Justo en ese momento el joven de ropas oscuras se da cuenta que la mesa no está libre, hay un anciano sentado en ella al que parece que los años le han hecho más mal que bien, se acerca a la mesa y le dice a la camarera que se marcha que le traiga otra pinta para el.

- ¿Le importa si compartimos mesa?- pregunta el joven, el caballero en silencio, da otra calada exhalando el humo por un lateral de la boca para no perder de vista al individuo que tiene ante el. El joven molesto al ver la pasividad del anciano le increpa.
- ¡¿Está sordo?! o ¿es usted un mal educado?.
- Siéntate- contesta el caballero que golpea la pipa contra el borde de la mesa para vaciarla, mientras suspira y observa al joven de soslayo.

-¿cómo os llamáis joven y que asuntos os traen a estas heladas tierras?, si es que queréis conversar claro. dice el caballero con una sonrisa afable.
- Stark...Hartargan Stark- responde el joven estudiando el rostro del anciano al que parece que no ha hablado con alguien en mucho tiempo. - ¿y usted? ¿tiene nombre o es solo otro vagabundo que busca calor en una noche como esta?.
- Así que Stark eh...mmmm... no me dice nada ese nombre, disculpad mi ignorancia- contesta el caballero alzando unas pobladas cejas grises mostrando un ceño poblado de arrugas, el caballero se acaricia la barba y vuelve.-Krhonn, ése es mi nombre, pero si queréis saber más, por favor, invitad a este vagabundo a otra cerveza para calentarme las tripas-

- ¡Su pinta!- vuelve a aporrear la mesa con la jarra la camarera.
- traiga otra para este hombre.

La camarera vuelve a la barra refunfuñando entre dientes.

- Muy bien viejo, entretenédme esta noche y no os faltará alcohol- dijo el joven con una sonrisa maliciosa, convencido de que el viejo haría lo que le pidiese por una pinta más.

El caballero se inclinó sobre la mesa dejándose iluminar el rostro por la lumbre del local.
- Os contaré una historia que bien valen una vida amigo mio- dijo el caballero ladeando la cabeza y sonriendo.

-¡Ooootra pintaaa!- esta vez se derrama parte de la espuma, algo que hace sonreír de satisfacción a la camarera.

El caballero da un sorbo manchándose de espuma el bigote y comienza.

-Corrían los tiempos de la segunda, Lord Lothar dirigía una campaña que parecía perdida contra la horda, la confianza de los hombres estaba por los suelos dado el fatal resultado de la defensa de Ventormenta que terminó con un exilio en masa a Lordearon; pues bien, allí habitaba la familia de un leñador-.

El joven parecía interesado realmente en la historia, prácticamente quedó absorto por la voz del viejo nada más comenzar la historia.

-A pesar de los esfuerzos por mantener el frente, La Horda extendió la guerra a través de los continentes de Khaz modan, Lordaeron y Azeroth, o al menos eso siempre es lo que me han contado-. El caballero da otro sorbo a la jarra y muy lentamente retira la capa por encima de la empuñadura de la espada.

-Por lo visto en La Horda nació algún tipo de conflicto de intereses y eso afectó el rumbo de la guerra, ayudado por sus tenientes Uther el Dador de Luz, el almirante Daelin Proudmoore, y Turalyon se consiguieron victorias; pero entre tantas victorias, conspiraciones y muertes, estuvieron las de mis padres-

El joven claramente impresionado por lo que había dicho el anciano se reclinó sobre su silla, aprovechó para estirar la espalda y se inclinó sobre la mesa apoyando la cabeza sobre la mano para continuar escuchando.

-Pues sí mi joven amigo, al parecer, por lo que me contó mi padre adoptivo, me encontraron entre los restos de una cabaña en los alrededores de Los Bosques de Argénteos, allí tuvo que zafarme de entre las manos muertas de mi madre.

-Increíble...- Susurró el joven Stark.
-Pues sí amigo, cuando destinaron a mi padre a Nethergarde para cuidar las ruinas del Portal Negro y asegurar que no hubieran más invasiones desde Draenor, decidió instruirme como soldado y como caballero. Allí en un pequeño barracón de piedra me enseñó a leer para conocer la historia, y a escribir para defenderme por la vida, me enseñó a luchar y a valorar por encima de todo el antiguo código de los guerreros.
- ¿Y cómo habéis llegado a ser tan miserable?- preguntó confuso Hartargan.
- Veréis, en mis muchos años de lucha me ha tocado ver caer a La Horda y alzarse de nuevo, he visto pasar dos reyes, he observado en segunda fila cómo el joven paladín Arthas era enviado por su padre a las heladas estepas de Rasganorte y sí, el mundo ha cambiado muchísimo ante estos viejos y cansados ojos- El caballero se mira las palmas de las manos, encallecidas por la espada, duras como cortezas de árbol y firmes como piedras, el joven se dio cuenta de este detalle y confuso preguntó.

- ¿Que edad tenéis anciano?

El caballero con el rostro cambiado, pétreo dijo fríamente.

- Cuarenta y cuatro hijo.
- ¿Cuarenta y cuatro? y ¿que pasó con vuestro padre adoptivo? ¿murió durante la guerra?
-..no..
- ¿no?
- Lo encontraron muerto en una torre estando de servicio en el Fuerte del Norte en Los Baldios.

La taberna se había quedado prácticamente vacía, tan solo quedaban ya la camarera y el dueño, dos borrachos que dormían sobre la mesa y el joven que escuchaba al anciano sus historias.

El joven duda un segundo y mientras estira un brazo lentamente hacia su espalda pregunta.
- ¿Cómo es eso de que LO encontraron?.
- Le cortaron el cuello.
- ajam... veréis, tengo muy mala memoria...¿para que me dijisteis que habíais venido asta aquí viejo?
- No lo dije.
- Pues decídmelo-. amenazó Hartargan con voz autoritaria.

El caballero suspira y se rasca la coronilla removiéndose un poco el cabello mientras se estira hacia atrás sobre la silla.
- Muy bien, os lo diré, pero antes ¿por qué no me invitáis a otra pinta?- pregunta el caballero sonriendo una última vez.
- Maldito borracho - suelta Hartargan, quien desvía la mirada un segundo para buscar a la camarera con la mirada, mientras agarra con fuerza el puñal preparándose para asestar una puñalada mortal al cuello de aquel que tenía en frente y que no era quien parecía ser.

En un pestañeo Krhonn se levanta de su silla tirando ésta hacia detrás del impulso, agarra a Hartargan por la cabeza con la mano izquierda y la estrella contra la mesa haciendo saltar las jarras, uno de los borrachos se despierta por el ruido, levanta la cabeza y la vuelve a bajar haciéndose el dormido, no quiere problemas. El goblin llama a la camarera con un gesto de mano y se esconden tras la barra.
Stark intenta liberarse lanzando una puñalada al aire que Krhonn intercepta con la mano derecha, le rompe la muñeca con sus manos de piedra haciéndole soltar el puñal y gritar de dolor.

- ¡No puedes matarme! ¡eres un soldado! te meterás en un buen lío cerdo! ja ja...- dice Hartargan en un intento de apelar al honor del caballero que lo tiene sometido.

Krhonn, frunciendo el ceño dejando así ver una autentica cara de demonio librea la muñeca rota del pícaro al que tiene contra la mesa y desenvaina su espada mientras continúa aplastando la cabeza de éste contra la mesa con su mano izquierda.
- ¿Soldados decís? no, os equivocáis de recurso perro Defias, a este viejo borracho vagabundo lo han contratado para daros caza, sabía que estabais en Cuna del Invierno por el rastro de muertes que dejáis tras de vos, chapucero, sabía que buscaríais un agujero como éste por que tenéis las rutas de vuelo cerca y sabía que recurriríais al rincón más oscuro de esta pocilga para esconderos, a éso amigo mío se le llama experiencia.
- ¡Espera! ¡esperaaa!.

Con un hábil giro de muñeca Krhonn hace un abanico en el aire con la espada y atraviesa la cabeza del Defias clavando la espada a través de la mesa, con dificultad la des encastra, la limpia con las ropas de Hartargan y envaina de nuevo la espada, mete la mano en una talega que lleva en el costado y tira dos monedas de oro por encima de la barra que al caer suena un golpe seco. Se cubre el cuello y la cara con parte de la gruesa capa de piel que lleva y sale de la taberna desapareciendo tras un remolino de nieve que se derrite sobre el suelo.
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