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 La historia de Sonne

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Northead

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Fecha de inscripción : 14/02/2009
Localización : El bastión del ébano

MensajeTema: La historia de Sonne   Jue Mar 19, 2009 9:47 pm

//Esta es mi historia (la de Sonne, que como sabeis es mi nuevo pj) siento que sea tan larga, pero os la tendreis que leer!!//

Un día de luna llena, una elfa dio a luz a su primera y única hija… Parecía que la luna se hubiese reencarnado en ella: era muy blanca de piel, y de cabellos claros; Me llamo Sonne y esta es mi historia:
Mi padre, un sacerdote, guardián de Dolanaar no puedo afrontar ser padre, así que desde ese día cambió. Desde que nací, a mi madre ya no la amaba como antaño y maldecía haber tenido una hija. Entonces ya no usaba sus poderes sagrados para sanar a sus aliados; ahora se estaba consumiendo por las sombras y usaba los poderes oscuros para torturar y acabar con sus enemigos. Esto le trajo malas consecuencias; comenzó a tener mala fama entre la gente de la aldea. Se sospechaba que mantenía relaciones con la horda, y que algún día traicionaría a su gente. Un día atacaron la aldea, la horda, y se sospechó que mi padre les estaba ayudando a acceder a Teldrassil. Así que lo exiliaron de Teldrassil, junto con su familia (o sea, mi madre y yo). Mi padre insistió en ir a las montañas de sierra espolón, donde conocía un grupo de trols, que también habían sido expulsados de su ciudad, al considerarles traidores. Nos alojamos en un pequeño poblado, en las montañas, junto a ese grupo de trols. Yo todavía niña, me comenzaron a fascinar las artes de los trols: sus habilidades botánicas y su conexión con la naturaleza. Mi madre no se sentía a gusto ahí, no le parecían seres de confianza. Mi padre sin embargo, cada día pasaba más tiempo con ellos que con su familia. Se estaba consumiendo por las sombras y asesinaba sin más. Un día mi padre dijo que se iva junto con el grupo de trols a defender las montañas de la horda, que querían dar caza al grupo de trols exiliados. Mi madre y yo nos quedamos en el poblado, junto con otro trol que se llamaba Hal’zor. Se acercaba la noche y no había señal de mi padre, ni de los soldados de la aldea. Mi madre comenzó a preocuparse, y cada vez se iba acercando mas la noche. La luna se alzó en lo alto del oscuro cielo, blanca y brillante, a medianoche. Yo estaba a punto de caer dormida cuando el aullido de unos lobos comenzó a sonar a lo lejos; cada vez más fuerte y más cerca. Mi madre y yo nos encerramos, y apagamos el fuego. Pero, cuando el sonido de esos lobos estaba a unas yardas, justo fuera de la caseta, comenzaron a bajarse de la docena de lobos, una docena de orcos. Tiraron la puerta abajo, y mi madre se puso entre ellos y yo, y estos le rebanaron la cabeza de un hachazo. Yo me quedé paralizada, la sangre que corría por mis venas se había congelado, y ante mis ojos tenía una docena de orcos. Entonces por la ventana, asomó la luz de la luna. Los orcos se acercaron lentamente hacía mi, y yo comencé a sentir que mi cuerpo comenzaba a crecer, y de mi piel salían plumas. Comencé a sentir el poder de la luna, y acribillé de un tifón a todos los orcos, que salieron volando junto a las paredes de la caseta. La luna me había salvado. Y justo después del alboroto caí desplomada al suelo, y quedé inconsciente. El trol que se había quedado en la aldea con nosotras apareció de entre los árboles y al ver lo que había sucedido, me cogió y nos alejamos del lugar. Desperté cerca de un río, en la vega de tuercespina. Al lado estaba el trol, Hal’zor, haciendo una pócima con vidarraíz. Al ver que me despertaba cogió un poco en un frasco y se acercó a mí:
-Tómatelo, te ayudará… -dijo ofreciéndome el frasco-
-¿Qué ha pasado? –dije, haciendo caso omiso al frasco-
-No’h atacaron en el poblado –dijo- los orcos de Orgrimmar venían a po’h nosotros, nos consideran unos traidores y han puesto precio a nuestras cabezas.
-¿Y mi madre? –dije recordando la docena de orcos entrar en la casa- ¿está mu…erta?
-Me temo que sí, lo siento. Pero tienes suerte de no haber mue’to junto a ella. Creo que los astros están de tu lado.
-¿Te refieres a la luna? –dije recordando la rara transformación- No se que pasó…
-Al parecer posees el don que pocos poseen, te transfoh’mah’te en un lechúzico lunar. ¿Sabes? He conocido cientos de druidas, pero casi todos se transfoh’man en animales más comunes… Pareces tocada por la propia luna…
-¿Y mi padre, regreso? –dije sin darle importancia a lo que había dicho-
-Ni tu padre ni mis amigos… -dijo mirando al cielo- me temo lo peor, pero el caso e’que nosotros seguimos aquí. No pude e’perar mucho tiempo, presentía que vendrían más orcos. Te cojí y vinimos volando con un grifo hasta estas tierras. Aquí e’taremos más seguros.

Sin hablas mucho más, me tomé el frasco y al poco rato me comencé a sentir mejor. Los siguientes días el trol se iba durante casi toda la jornada, y llegaba por las noches con alimentos. Durante esos largos días estuve pensando sobre lo sucedido; ¿Podía ser que mi padre se quisiese librar de mi madre y de mí? ¿Qué se hubiese unido a la horda y les hubiese pedido que nos atacasen? ¿O tal vez, la horda acabó con él? Tenía un mar de dudas, de todos modos solo podía confiar en este trol, al menos para sobrevivir. A la noche del cuarto día, llegó un poco más temprano que las otras veces. Ese día era luna llena. Llegó con un montón de plumas de búho en una bolsa, y una variedad de plantas y líquidos extraños. Hizo una hoguera y colocó un caldero encima.
-Durante e’tos días, te he observado durante la noche. Como ya te dije, posees un poder poco común, pero muy e’traordinario. Así que he pesado en sacar todo ese poder, para que te acompañe y te proteja sie’pre. –dijo y comenzó a echar líquidos y hierbas extrañas en el caldero- Ace’cate, vamos a comenzar.-y sacó un puñado de plumas y las echó en el caldero.
Me acerqué y me empezó a tirar plumas encima, puñados de plumas que rodeaban mi cuerpo.
-Quédate quieta ahí, pronto verás a que me refiero –murmuró el trol-.
Entonces, comenzó a conjurar en lenguas desconocidas para mí, alrededor del caldero. La luna brillaba cada vez más, y alumbraba casi directamente al caldero. Siguió hablando en ese idioma raro, y al cabo de unos minutos noté como una presión en mi cuerpo. No dolía, pero me sentía extraña y poderosa, como el día del ataque orco. Entonces las plumas del caldero comenzaron a flotar y a tomar forma; la forma de un búho. Fue cuando me liberé de esa presión, que en forma de nube pasó hasta el búho.
-Fíjate, que poder tan e’traordinario, no pensaba que fuera a funcionar –dijo señalando al búho- Parece que todo el poder que te ha sido concedido por la luna se ha reencarnado en este búho. Te seguirá allá donde vayas, y cuando necesites protección haz que el búho forme parte de tu cuerpo y alma. Entonces te convertirás en un lechúzico lunar.
-Gracias, pero no sé como lo haré –dije alucinada-
-Quizás ahora no podrás controlarlo del todo, pero cuando crezcas y te hagas más sabia y poderosa, lo controles a tu antojo. Pero ahora es hora de descansar. Mañana te e’plicaré que haremos. –dijo y subió a un árbol y se acomodó en una rama. Lo mismo hice yo en otra y junto a mí el búho, que parecía que jamás fuese a descansar.

Al día siguiente me habló sobre las otras razas de Azeroth: Humanos, enanos, gnomos, draeneis, taurens, no-muertos, y los elfos de la sangre. Me explicó los conflictos bélicos entre las dos facciones: La alianza, a la que indirectamente yo pertenecía y la horda. Entonces me dijo que lo mejor era que no regresase a tierras elfas por el momento, pero que me resguardase en gente de la alianza, para ir recuperando la confianza y que mi linaje ganase prestigio. Me dio un mapa del mundo, y me dijo a donde debía partir: la ciudad de los humanos: Ventormenta. Preparé las maletas y él me acompañó hasta la frontera con el Bosque del Ocaso, cuando a toda velocidad se acercaba un ejército de orcos con la bandera de Orgrimmar. Intentamos alejarnos del camino para que no viesen a Hal’zor, pero al parecer los lobos distinguían el olor a elfo a yardas. Entonces se acercaron y nos tendieron una trampa. Nos atraparon a los dos y empezaron a interrogarnos en lengua orca, a la que solo Hal’zor podía responder. Al poco de hablar, uno de los orcos comenzó a encararse con mi amigo trol. Hal’zor me dijo que tenía que identificarse, o nos matarían a los dos. Pero yo me negaba a que se lo llevasen, no quería estar sola. El trol se identificó y, como habían puesto precio a su cabeza, tardaron milésimas de segundo en atravesarle con un puñal. Cayó al suelo y comenzó a desangrarse. Yo, atada y furiosa, intenté unir mis fuerzas con el búho; surgió efecto y me transformé de nuevo en un lechúzico lunar. Los orcos me embistieron pero la naturaleza propia me ayudó y los enraizó. Gané unos metros y invoqué un huracán que arraso con ellos. Todos murieron, volví a mi apariencia élfica, y me acerqué a Hal’zor.
-¡Aguanta! ¡No puedo quedarme sola… soy muy joven y no conozco a nadie más! –dije buscando de entre las bolsas hierbas curativas-.
-De…jalo… no hay remedio que curé esto… en unos minutos todo abra acabado –dijo con un aliento de voz- e’toy muy o’gulloso de ti… veo que… mereció la pena. Tienes muchísimo poder… podrás sobrevivir. Ves a refugia'te con la alianza, perteneces a ellos… sigue el camino de la luna. Hazme un último favor, tírame al río… no quiero ser la merienda de los tigr…. –y calló para siempre-
-¡Hal'zor! ¡No me abandones... no quiero volver a estar sola! –dije llorando desconsolada-
Me quedé paralizada llorando sobre él durante unos minutos, pero no había nada que hacer. Así que, sin pensar mucho más, lo arrastré como pude hasta el río y lo dejé caer. Observé tristemente como se alejaba con la corriente. Cojí unas bolsas con suministros y desconsolada eché a correr hasta Ventormenta siguiendo el mapa.
Llegué a la ciudad y entré. Observé todo tipo de razas comerciando en el centro. Pero seguí el mapa asta el Parque, para descansar y relajarme. Al llegar ahí ví unos cuantos elfos druidas practicando magias de transformación. Cerca de la fuente. También cerca de ahí había un bar que no tenía letrero (el bar Scum >.<) del que provenía una escandalera. Me senté en un banco de por el parque y comencé a maldecir mi suerte. Pensé lo sucedido en los últimos días y comencé a ver que mi vida no tenía sentido: había perdido a mi madre, y a la única persona que se había preocupado por mí. Ya no quería ni pensar en mi padre, que me debió abandonar, o morir luchando, quien sabe... de todos modos no me importaba, si me abandonó ya se encargaría él de buscarme para disculparse, y si murió, se lo había ganado, no merecía la pena perder el tiempo buscándole. Sentí impotencia, y cogí un puñal de la bolsa y con la punta lo acerqué a mi pecho. No podía seguir viviendo, no merecía vivir. Cuando del bar salió un humano, vestido de largas telas y al verme se teletransportó cerca mía y de un varitazó me desarmó.
-¿Qué planeabais, preciosa elfa? –dijo en un tono amable-
-Que más da… -dije recogiendo el puñal del suelo-.
Y me volvió a impedir apretarlo contra mi pecho, esta vez congelándome la mano.
-¡Déjame! ¿Quién te has creído que eres? –dije intentando mover la mano-
-Iaguin, señorita, y en mi presencia ninguna elfa loca se va a suicidar –dijo y comenzó a reírse-
-Estúpido humano, ¿qué os importa? –murmuré-
-¿Qué cosas tan malas os pasan por la cabeza para hacer eso? –dijo manteniendo la mirada en mi puñal-
-No merece la pena seguir viviendo sin nadie a tu lado, ¿os vasta?
-Pues yo estoy a tu lado y si merece la pena vivir –dijo ofreciéndome la mano-
-¿Tú y cuantos más? –pregunte irónicamente-
-Y el concilio entero si hace falta –me cortó-
-¿Qué? –dije algo confusa-
-Os invito a formar parte de el Gran Concilio, así tendréis algo y alguien por lo que vivir… por todos nuestros hermanos. Y vereis como cada día es especial.
Reflexioné y pensé en el daño que me había causado la horda, los miserables orcos. No merecía la pena morir, tenía que vengar a mis seres queridos, y demostrarle al difunto Hal’zor que soy capaz de usar y controlar los poderes que la luna me ha concedido por una buena causa. Entonces le dije:
-Puede que tengáis razón. Si prometéis que me ayudareis a terminar con la horda y que me llenareis el corazón, os juro fidelidad y que me levantaré cada día con ganas de vivir. –dije animada-
-Eso está hecho. Pero antes haremos una entrevista de acceso a el Gran Concilio, y me tendréis que contar a que viene tanto odio a la horda. –dijo señalando al bar- a todo esto, bella elfa ¿Como os llamais?
-Me llamo Sonne y esta es mi historia //repeat Arrow //


Última edición por Northead el Vie Mar 20, 2009 4:05 pm, editado 3 veces
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zeppelines

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MensajeTema: Re: La historia de Sonne   Jue Mar 19, 2009 10:44 pm

oh señorita sonne no sabia cuan peligrosas aventuras os habian sucedido... lo lamento y a la vez me alegro que estubieseis aquel dia en el bar y agradecerselo tambien a Iaguin
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